¿Cómo reducir la ansiedad y mejorar el bienestar del bulldog francés?

 

 

Cuando hablamos del bulldog francés, y como sucede con muchas otras razas, casi siempre solemos centrarnos en los aspectos positivos o más agradables de estos animales: nivel de sociabilidad, obediencia, atractivo físico, etc. En ese sentido, el bulldog francés sin duda destaca, ya que es un perro amigable, cariñoso, leal y lleno de encanto.

No obstante, para cuidar mejor de nuestro perro y garantizar su bienestar, hay otras cuestiones que también debemos tener en cuenta, como, por ejemplo, las derivadas de los procesos incorrectos de cría y selección que durante años han modificado las razas y les han creado diversas complicaciones de salud y carácter. En el caso del bulldog francés, tenemos los problemas para respirar habituales en las razas braquicéfalas, patologías relacionadas con la piel y el pelo, ansiedad, etc.

Muchos de los problemas físicos que suelen sufrir los bulldogs franceses podrían requerir la intervención o revisiones periódicas de un veterinario, pero hay dos aspectos fundamentales que podemos empezar a trabajar nosotros mismos: el control de las emociones y la nutrición.

Son dos cuestiones, además, que están mucho más relacionadas entre sí de lo que podríamos imaginar.

 

Peculiaridades de la raza

Es una raza conocida por ser juguetona, alerta, adaptable y curiosa, lo que ha contribuido a su creciente popularidad en los últimos años. Caracterizada por su cabeza grande y cuadrada con arrugas pronunciadas en el área nasal, que es extremadamente corta, y su pelaje suave y brillante, el bulldog francés posee un cuerpo compacto y musculoso. Su tamaño compacto los hace versátiles, adecuados tanto para la vida en la ciudad como en entornos rurales. Sin embargo, es importante tener en cuenta que son braquicéfalos, lo que significa que tienen un cráneo acortado, un hocico achatado y pliegues faciales distintivos que a menudo resultan en sibilancias, resoplidos, tos y estornudos.

Esta raza presenta una serie de patologías específicas, que incluyen narinas estenóticas, Síndrome Braquicéfalo de Vía Aérea Superior (BUAS, por sus siglas en inglés), problemas auriculares, dermatitis en los pliegues cutáneos, alergias y propensión a la obesidad. Algunas de estas condiciones son intrínsecas a sus características raciales, pero otras pueden estar relacionadas con una mala gestión nutricional. Por lo tanto, es crucial enfocar nuestros esfuerzos en mejorar la comprensión y las prácticas relacionadas con la alimentación y la nutrición de esta raza, con el fin de lograr una mayor calidad de vida y bienestar para estos animales.

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¿Cómo afecta la raza su comportamiento alimenticio?

Con sus respiraciones ruidosas, resoplidos y bufidos, que podrían considerarse como una característica que los hace destacar como raza, los Bulldog francés son notorios por su tendencia a inhalar su comida. Los cachorros son especialmente voraces y se han vuelto muy populares debido a su inclinación por los snacks y su disposición a consumir cualquier cosa que encuentren o se les ofrezca. Esta rápida ingesta de alimentos puede llevar a problemas de salud, como la obesidad, y aumentar el riesgo de cólicos, flatulencias, regurgitaciones y vómitos. Ayudar a moderar la velocidad a la que el Bulldog francés come puede contribuir a gestionar su peso y protegerlo contra la flatulencia y la distensión abdominal.

 

 

 

Flatos, borborigmos y eructos

Las razas braquiocefálicas como el Bulldog francés, presentan heces con fuertes olores, alta frecuencia en la defecación y flatulencias. Sus características anatómicas hacen que se produzca aerofagia lo cual predispone a la producción incrementada de gas. Dicha producción de gas se asocia con alta presencia de sustratos no asimilados resultando en flatulencias y heces con olores desagradables [8, 9]. El gas gastrointestinal deriva de diferentes fuentes como las reacciones químicas propias de la digestión y absorción en el lumen intestinal, fermentación bacteriana y difusión desde la circulación hasta el lumen. La mayoría de gas intestinal está compuesto por nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, metano y dióxido de carbono. Todos los anteriores son gases sin olor fuerte y desagradable. La mayoría del nitrógeno y el oxígeno se deriva del aire ingerido. Los gases predominantes en los flatos son CO2, H2, y en menor proporción CH4 y H2S [10–12]. Los compuestos olorosos identificados en los flatos caninos son aquellos que contienen azufre tales como sulfuro de hidrógeno, metano tiol y sulfuro de di metilo. Otros incluyen a los ácidos carboxílicos, fenoles, amonio, indol, escatol, aminas volátiles, cetonas, alcoholes y ácidos grasos de cadena media. Todos los anteriores son sólo el 1% del gas intestinal [13], no obstante son los que ocasionan olores fuertes y desagradables.

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Cantidades excesivas de gases no olorosos empeoran los flatos ya que se vuelven un transporte para los gases olorosos y su volatilización.

Algunos vegetales como las cebollas, nueces, especias, plantas crucíferas (brócoli, repollo, coliflor, coles) e ingredientes altos en proteínas incrementan la producción de gases olorosos .

 

¿Qué nutrientes necesita el Bulldog francés?

Los Bulldog francés requieren una dieta específica para prevenir alergias debido a su alta sensibilidad a los alérgenos alimentarios y otros problemas relacionados. Es esencial que su dieta incluya proteínas de alta calidad, evitando subproductos de origen animal y procesos de calidad deficiente. Además, deben recibir una adecuada cantidad de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales como los omega 3 y 6. Es importante también evitar alimentos altamente procesados.

La descomposición de proteínas no digeribles en el colon puede ser responsable de los olores intensos en estas razas braquiocefálicas. La actividad metabólica y la formación de productos de fermentación son factores cruciales para reducir los olores fecales en los perros braquiocefálicos. Al alimentar a los perros con proteínas altamente digestibles, se reduce la cantidad de proteína que llega al íleon, lo que disminuye la putrefacción en el intestino posterior y, como resultado, reduce los compuestos responsables de los malos olores y la producción de gases o flatulencias [11]. Por lo tanto, mejorar la calidad de la proteína y utilizar diversas fuentes en la alimentación de los Bulldogs franceses, ya sea con dietas comerciales, caseras o crudas, podría reducir los productos de fermentación y, en consecuencia, los olores fecales en esta raza.

 

¿Qué no debería comer el Bulldog francés?

Se debe evitar el exceso de carbohidratos, preservantes e ingredientes de baja calidad y/o digestibilidad en la dieta. Esta raza es bastante sensible a ciertos tipos de alimentos para humanos y que a veces, con la mejor intención del mundo, se les ofrece en casa pero que pueden comprometer la vida del perro ya que pueden ser venenosos o tóxicos. Entre estos se puede mencionar: cebolla, ajo, uvas, pasas, chocolate, comidas picantes, cebollines, puerros, y cerezas.

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¿Con que podría suplementar en casa a mi Bulldog francés?

Algunas personas quieren suplementar al Bulldog francés con ciertos vegetales que podrían brindar algunos beneficios. Algunos de estos y que son seguros son: Zanahoria, Brócoli, fríjoles verdes, apio, espinaca, remolacha y calabaza. La menta verde en pequeñas cantidades también puede ser beneficiosa. A parte de ser seguros, tienen muchos beneficios para su salud como el mejoramiento de la micro biota y microbioma intestinal.

 

 Controlando las emociones de nuestro buldog

En primer lugar, debemos aprender a ignorar todas las peticiones que nuestro perro nos hace de forma espontánea.

Ese exceso de peticiones, esa necesidad de atención constante, le genera un elevado nivel de ansiedad y nerviosismo que, si no lo controlamos, puede acabar afectándole a nivel físico y mental. Problemas en el sistema inmunológico, malas digestiones, problemas de piel y pelo… el nerviosismo permanente es una cuestión seria, y tiene mucho que ver con cómo manejamos al perro.

Los perros constantemente hacen peticiones: quieren atención, cariño, juego… debemos tener muy claro que, si no las gestionamos de forma adecuada, acabaremos creando un perro con exceso de apego. Es decir, un perro dependiente, que vivirá con un notable exceso de ansiedad tanto los momentos en los que le hagamos caso como los momentos en los que debamos ignorarle.

Lo recomendable es interactuar con el perro solo cuando esté tranquilo. De esta manera, nosotros controlaremos las interacciones, y no él. Esa es la base sobre la que debemos construir nuestra relación con el perro, de tal forma que podamos ir rompiendo poco a poco su dependencia de nosotros. Así, con paciencia, le enseñemos a gestionar mejor su situación emocional.




 

 

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